*Lamentable el comunicado de la Conferencia Episcopal*
Sobre el comunicado navideño de la Conferencia Episcopal Venezolana (Navidad 2025)
Por: Johnny Diaz Apitz
En Venezuela hay palabras que hoy suenan peligrosas cuando se usan mal. “Paz” es una de ellas. “Diálogo” es otra.
“Fraternidad” también. No porque sean malas, sino porque el poder las ha secuestrado para convertirlas en propaganda.
Por eso, cuando la Conferencia Episcopal Venezolana publica un mensaje navideño y lo coloca sobre el país como si fuera una manta de consuelo, lo mínimo que se espera es que esa manta no tape la herida, no esconda al agresor y no proteja al verdugo.
Lo que ha causado indignación no es que los obispos hablen de paz: la Iglesia está llamada a hacerlo.
Donde quedaron las denuncias qué hizo desde el Vaticano el cardenal Baltazar Porras?.
Y como fue atacado, insultado, vejado y ofendido por haber dicho lo que dijo del régimen venezolano y la grave situación del país.
Lo que escandaliza es que ese mensaje, en su estructura y en su énfasis, termina describiendo un país que no existe, y más grave aún: termina siendo útil al mismo poder que ha arrastrado a Venezuela a una de las crisis humanas, políticas y morales más profundas de su historia contemporánea.
No hay una sola palabra dedicada a los presos políticos y militares incluyendo menores de edad y adultos mayores.
No se denuncia ni hay una palabra acerca los secuestros, terrorismo de estado que comete el régimen con aquellos que piensan distinto y actúan como los nazis a la venezolana.
Estos señalamientos no son un ataque a la fe, ni a la Iglesia como pueblo de Dios.
Es una denuncia contra una posición pública que, por omisión y por enfoque equivocado, se vuelve moralmente irresponsable en el contexto venezolano.
1. “Somos gente de paz”: una frase bonita puesta en el lugar equivocado:
Venezuela es un pueblo pacífico, sí. Pero Venezuela no vive en paz.
Decirle al país “somos gente de paz” sin explicar de inmediato qué destruye esa paz y quién la destruye, no es consuelo: es confusión.
Es repetir, sin querer o queriendo, la misma fórmula que el régimen ha usado durante años para exigir silencio: “paz” como sinónimo de obediencia, “paz” como excusa para reprimir, “paz” como amenaza disfrazada.
La paz real no es un sentimiento. La paz real es poder vivir sin miedo.
Y hoy el venezolano vive con miedo: miedo a hablar, miedo a protestar, miedo a opinar, miedo a ser señalado, miedo a que lo busquen, miedo a que le inventen un delito, miedo a perderlo todo por una palabra o por una idea. Esa no es paz. Eso es sometimiento.
Si la Iglesia va a hablar de paz, tiene que decirlo con precisión: no hay paz donde se encarcela por pensar distinto.
No hay paz donde se persigue al disidente. No hay paz donde se castiga la conciencia.
2. La obsesión con la “guerra externa” y el silencio ante la guerra interna
Aquí está uno de los puntos más graves del comunicado: su alarma frente a una supuesta amenaza bélica externa —acciones militares cerca de las costas, poderío foráneo en el Caribe— como si eso fuera lo que “ensombrece” la experiencia del pueblo.
Eso invierte la realidad.
Lo que ensombrece la vida del venezolano no es un portaviones en el horizonte. Lo que ensombrece la vida del venezolano es la guerra diaria que el poder le ha declarado a su propio pueblo: represión, miedo, persecución, cárcel, hambre, exilio, destrucción institucional y el uso del Estado como instrumento de castigo.
La guerra venezolana no es una hipótesis. Es un hecho.
No es un rumor. Es una práctica. No es especulación. Es una política.
Y cuando un comunicado episcopal coloca su énfasis en la “amenaza externa”, pero no coloca en primer lugar la violencia real que se vive adentro, el mensaje queda moralmente desnivelado: mira hacia afuera con preocupación y mira hacia adentro con tibieza.
3. Mencionan la privación de libertad, pero no se atreven a decir quién encarcela
El comunicado reconoce, de forma general, que existe “privación de libertad por pensar distinto”.
Eso es cierto. Pero decirlo así, sin sujeto, sin responsables, sin nombres, en Venezuela tiene un efecto devastador: convierte un crimen político en una nube.
Como si las detenciones ocurrieran solas.
Como si los presos aparecieran por generación espontánea.
Como si no existieran cadenas de mando.
Como si no hubiera un aparato de inteligencia, tribunales sometidos y cárceles usadas como instrumentos de terror.
En Venezuela la privación de libertad por pensar distinto no es un accidente social. Es un método. Es una herramienta de control. Y el régimen tiene nombre, tiene rostro y tiene responsables.
Cuando los obispos no nombran responsables, el agresor respira. Cuando la Iglesia no señala al que oprime, la víctima queda sola.
4. “Diálogo” sin condiciones: la fórmula que solo oxigena al poder:
El comunicado apela al diálogo como camino.
Pero en Venezuela el “diálogo” se ha repetido una y otra vez como ritual: se sientan, prometen, posan para la foto, ganan tiempo, bajan la presión internacional, y luego vuelven con más represión.
El diálogo sin verdad y sin justicia no es virtud: es coartada.
No se dialoga con una bota en el cuello.
No se dialoga mientras se secuestra a inocentes.
No se dialoga mientras se usa a los presos como ficha de intercambio.
No se dialoga mientras se desconoce la voluntad popular y se persigue a quien la defiende.
El llamado al diálogo, hecho de forma abstracta, termina sonando a esto: “aguanten un poco más”. Y eso no es un mensaje cristiano de esperanza; es una invitación a la resignación.
5. El silencio ante el saqueo y la destrucción de un país:
En 27 años, Venezuela fue llevada a la ruina. A ruina moral, institucional y material. Millones de personas se fueron porque no podían vivir. El salario se pulverizó. La salud colapsó. La educación fue destruida. La infraestructura se derrumbó. Y a la par, se instaló una cúpula de privilegios donde la corrupción se convirtió en sistema.
Esa realidad no puede ser tratada como un “clima de tensiones” o como un “debate especulativo”. Es una catástrofe provocada. Y una catástrofe provocada tiene responsables.
El comunicado, al evitar enfrentar esa dimensión, reduce el sufrimiento de un país entero a un problema de narrativas.
6. Lo más grave: el Evangelio usado como velo para no decir la verdad:
Lo que duele no es que la Iglesia cite el Evangelio.
Lo que duele es que, en un país con víctimas reales, el Evangelio se use para suavizar el golpe y no para denunciarlo.
El cristianismo no es neutral frente a la injusticia. Un profeta no habla en círculos.
Un pastor no puede consolar al lobo y pedirle a la oveja que dialogue.
Cuando el mensaje evita nombrar al agresor y se concentra en factores externos, se corre el riesgo de que la fe sea usada como barniz. Y el barniz sirve para una cosa: para que el crimen se vea menos feo.
7. Conclusión: un comunicado que termina al servicio del poder:
Este comunicado, por su enfoque y por sus silencios, termina siendo útil al régimen.
Le ofrece una frase que el poder puede convertir en propaganda:
“hasta los obispos se preocupan por la acción militar externa”.
Y mientras tanto, la guerra real —la interna— queda rebajada, diluida o sin responsable.
Por eso se denuncia: porque no es un detalle.
Es una falla moral. Y en Venezuela, cuando se falla moralmente desde un púlpito, las consecuencias son reales: se debilita la voz de las víctimas y se fortalece la narrativa del opresor.
Hoy Venezuela no necesita comunicados que suenen bien.
Necesita comunicados que digan la verdad.
Porque sin verdad no hay justicia.
Y sin justicia no hay paz.
Para finalizar: El comunicado de la Conferencia Episcopal Venezolana, lejos de convertirse en un freno ético frente al abuso del poder, corre el riesgo de transformarse en oxígeno político para el régimen del llamado “Cartel de los Soles”.
Su ambigüedad y su silencio frente a los responsables reales permiten que el poder lo utilice como escudo ante la comunidad internacional, diciendo sin pudor: “incluso la Iglesia está de nuestro lado”.
Esa será la lectura que hará el régimen, y no es una suposición: es una práctica conocida.
Cuando la Iglesia no denuncia con claridad, su palabra se convierte en coartada.
Y cuando la verdad se diluye en un lenguaje diplomático, el opresor gana espacio, tiempo y legitimidad. La historia juzgará no solo a quienes oprimen, sino también a quienes, pudiendo hablar con claridad, eligieron el silencio o la ambigüedad.
Bon Scott
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Hello
El mundo reconoce la fuerza moral de Venezuela. El premio Nobel de la Oz es la prueba de que nunca luchamos en vano.
#NobelForVenezuela
La pobreza extrema en Venezuela alcanza el 84% en el 2024 y sigue aumentando en 2025, hasta que no halla un cambio político y social en el país, Venezuela no podrá alcanzar el esplendor de décadas pasadas. Debemos cobrar ya!!!
#Venezuela 2025 #leopoldolopez #voluntadpopular


Hace 6 horas, estamos al umbral de la nueva Venezuela @Zuleika Meneses Gómez @Leopoldo López @Voluntad Popular