**La incompetencia como costumbre: reflexiones sobre la DANA y nuestros políticos**
Hay algo profundamente español en la capacidad de nuestros políticos para convertir la catástrofe en un espectáculo de oportunismo, incompetencia y cinismo. Hace unos días, mientras la DANA (esa sigla que ya hemos aprendido a temer como aprendemos a ignorar a los políticos) arrasaba hogares, campos y vidas, nuestras autoridades se dedicaban a lo suyo: posturear, improvisar y jugar a salvar la cara.
Deberíamos empezar por lo básico: ¿qué demonios estaban haciendo antes de que llegara la DANA? Porque no es que el fenómeno meteorológico haya aparecido de repente, como un bandolero en la sierra. No, la DANA lleva días siendo anunciada con bombo y platillo por meteorólogos que, por cierto, no cobran un sueldo millonario, pero trabajan mejor que toda la clase política junta. A pesar de ello, ni planes preventivos, ni refuerzos en infraestructuras, ni evacuaciones organizadas. Nada. Simplemente se esperó, con la indolencia de quien cree que el agua no subirá hasta su despacho, mientras los ciudadanos veían cómo sus vidas se sumergían, literalmente, en el barro.
Luego llegó el show del "después". Una vez terminada la tormenta, lo único que comenzó fueron las declaraciones grandilocuentes. Ahí están nuestros políticos, con sus botas de agua recién compradas y el traje impecable, pisando un charco (pero sólo para la foto) mientras prometen reconstrucción, ayudas y solidaridad. Palabras vacías, un eco hueco repetido cada vez que hay una catástrofe. Porque, ¿alguien ha visto esas ayudas llegar a tiempo alguna vez? Claro que no. Las familias afectadas, como siempre, tendrán que enfrentarse a la burocracia interminable y a la desidia de un sistema que solo funciona para los de arriba.
Lo peor de todo es que esto no es un accidente, no es un error puntual: es un patrón. Cada vez que ocurre algo como la DANA, los políticos reaccionan como si fuera la primera vez. Y aquí estamos, atrapados en un bucle eterno de negligencia institucional. Lo más indignante es que, mientras tanto, se llenan la boca hablando de cambio climático, de sostenibilidad, de soluciones a largo plazo. Palabras bonitas que esconden su verdadera prioridad: mantenerse en el poder.
Por supuesto, no faltan las broncas partidistas. Unos culpan al Gobierno central; otros, a los ayuntamientos y comunidades autónomas. Todos se señalan entre sí, como si su única responsabilidad fuera esquivar el golpe y no solucionarlo. Mientras tanto, los ciudadanos hacen lo que han hecho siempre en este país: apretarse el cinturón, colaborar entre ellos y salir adelante a pesar de sus gobernantes, no gracias a ellos.
Si la DANA nos ha demostrado algo, es que la incompetencia política no conoce ideologías ni colores. Todos son iguales cuando se trata de evitar responsabilidades. Y lo peor es que lo sabemos, lo vemos, lo sufrimos… y seguimos votándolos. Quizá, al final, el problema no sea solo de ellos, sino de todos nosotros, que permitimos que esta pantomima continúe.
Así que aquí estamos, con nuestras calles anegadas, nuestras casas destruidas y nuestras esperanzas hundidas. Pero, tranquilos, porque ellos ya están preparando su próxima rueda de prensa, su próximo discurso vacío, su próxima foto en el barro. Y nosotros, como siempre, lo soportaremos. Porque somos un país acostumbrado a sobrevivir, incluso a pesar de quienes deberían protegernos.