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Argenis Tavacare
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Ingeniero Civil y Cacique del pueblo Pume
El dictador contempló los lingotes con una mirada ávida, sus pupilas brillando como brasas encendidas por la ambición. Tomó uno de aquellos bloques dorados entre sus manos trémulas, lo acercó a sus labios y lo besó con la devoción obscena de quien adora un falso dios. En su rostro se dibujó una sonrisa ladina, una risa cristalina que delataba la más absoluta hipocresía, mientras sus palabras brotaban con el sarcasmo de quien se burla de las masas: —¡Este oro es pa' el pueblo! La frase resonó en el silencio del salón como una blasfemia, un sarcasmo sangriento que solo él comprendía mientras el metal amarillo reflejaba la luz de las arañas, testigo mudo de tanta desfachatez. image
Reflexiones del tirano El frío se arrastra por las paredes de piedra como un visitante indeseado, acariciando mis huesos con una crueldad que no conozco. Estoy aquí, en este rincón del infierno donde los sueños de grandeza vienen a morir, y no puedo evitar que mi mente se remonte a los tiempos en que el mundo se inclinaba ante mi sombra. ¿Cómo es posible que haya llegado a esto? ¿Cómo pude dejar que las ratas me devoraran el trono sin ofrecer resistencia? ¡Esos malditos! —grito en silencio, mientras mi aliento forma pequeñas nubes que se disipan en la oscuridad—. Esos hijos de Satanás me traicionaron, estoy completamente seguro. Sus lenguas aceitosas, sus sonrisas de serpiente, sus infinite promesas de lealtad... todo era una farsa monumental. Ahora imagino sus rostros satisfechos, sus ojos brillando con el brillo robo del triunfo mientras ocupan los lugares que antes me pertenecían. La indignidad de la situación me hierve la sangre. Aquí el frío es una entidad con vida propia, una presencia hostil que me envuelve en su abrazo esquelético. Las paredes rezuman humedad y desesperación, y a través de las grietas del viejo concreto se colan insultos en español e inglés, lanzamientos de piedras verbales que me alcanzan con la precisión de dardos envenenados. Cada palabra es un golpe, cada improperio un recordatorio de mi caída estrepitosa. La ausencia de Cilia es el vacío más profundo. Su rostro, antes tan cercano, se ha desvanecido como niebla matutina. La incertidumbre de su paradero me consume más que el hambre, más que el frío, más que la humillación pública. ¿Habrá encontrado la libertad que a mí me fue negada? ¿O compartirá mi destino en algún calabozo olvidado por los mismos que una vez me besaban los anillos? Esos aduladores infernales me intoxicaron con su incienso de falsedad, me cegaron con sus jaladas de bolas hasta que no pude ver las dagas que afilaban en la oscuridad. Me enfermé de poder como quien se enferma de orgullo, creciendo en mi propia soberbia hasta que las raíces de mi reino quedaron al descubierto, vulnerables a las termitas de la traición. Si alguna vez salgo de este infierno —porque me niego a aceptar que esto sea mi final—, los haré pagar. Cada uno de ellos probarán la arrechera que he perfeccionado durante años de dominio. Haré que el Helicoide se les quede pequeño, que deseo encontrar una celda como esta como un refugio. Me inventaré crímenes, fabricaré delitos, porque la imaginación siempre fue mi mayor aliado y ahora será mi instrumento de venganza más despiadado. Hasta mañana, si es que el amanecer decide visitarme en mi mazmorra. Si es que mis enemigos me permiten sobrevivir otro día para atormentarlos con mi presencia. Si es que el frío no decide reclamar lo que ya casi le pertenece. image
113 toneladas de oro tenía el ladrón del dictador escondidos en Suiza, mientras el pueblo Venezolano se moría a mengua por falta de alimentos, medicinas e insumos médicos. Ese tipo deben darle la silla eléctrica como mínimo por tanta falta de humanidad contra nuestro pueblo....
Los Chaveztias que quedan, ahora dicen que es un logro de la revolución, los acuerdos impuestos por EEUU a Venezuela. .De verdad está gente trata de engañarnos como a niños ...
El dinero físico y el oro, dejan un rastro casi imposible de borrar...
Maduro, se asemeja a un guapetón de cantina que se pelea con todos los borrachos más débiles que el, Pero cuando llega otro que se ve más fuerte, este lo insulta, le patea el jopo, y a hasta le falta el respeto en su cara a la mujer que lo acompaña y dice que no va a caer en provocaciones. Un mísero cobarde...
No hay que olvidar a estas basuras, cómplices de la persecuciones y encarcelamientos en Venezuela. Gente como este tipejo, al caer la narcotirania deben ir presos, para que paguen por todo el daño que nos han hecho...
Estamos viviendo un momento en Venezuela, dónde una simple opinión te puede acarrear, toda una vida en las oscuras mazmorras de la narcotirania .¡..abajo el régimen de Maduro nojoda!
¿Quién es Alejandra Romero Castillo? La jueza joven que el régimen usa para dictar miedo. Con solo 32 años dirige un supuesto tribunal antiterrorista una figura creada a la medida del poder para castigar la disidencia, no para impartir justicia. No hay concursos públicos. No hay credenciales visibles. No hay posgrados ni carrera conocida. No hay transparencia. Pero sí hay condenas de 30 años. Alejandra Romero Castillo es hija del general Jorge Alejandro Romero Castillo, parte del engranaje militar del chavismo. Desde esa sombra de poder, ella ejecuta sentencias que sepultan derechos. Su caso más reciente: ➡️ 30 años de prisión contra Rafael Tudares Bracho, yerno del presidente electo Edmundo González Urrutia. Un proceso relámpago. Audiencia por videollamada. Meses de desaparición forzada. Defensa anulada. Y no es un hecho aislado: 📌 Al menos 43 presos políticos han pasado por su tribunal. 📌 13 ya condenados a 30 años. Esto no es justicia. Es terror judicial. Es el régimen usando jueces sin trayectoria para fabricar miedo y silenciar al país. Alejandra Romero Castillo no juzga delitos. 👉 Cumple una misión política: convertir la oposición en “terrorismo”.
Pura paja está gente, no veo resultados a la vista. Cuando vemos al hdpta bigotón bailando y gritando, es porque sabe algo que nosotros ignoramos. Porque ese es un cobarde y no hace alardes de valentía sino de estar informado...
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ArgenisTavacare 2 months ago
Tanta injusticia que vemos a diario en Venezuela, da es arrechera.
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ArgenisTavacare 2 months ago
Recuerden señores, tantos jalabolas no caben en el avión...
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ArgenisTavacare 2 months ago
EL RÍO DE LAS SIETE ESTRELLAS (Canto al Orinoco) Una Pumé, la Hija de un Cacique Yaruro, fue conmigo una noche, por las tierras verdes, que hacen un río de verdura entre el azul del Arauca y el azul del Meta. Entre los gamelotes nos echamos al suelo, coronados de yerbas y allí, en mis brazos, casi se me murió de amores cuando le dije la Parábola del volcán y las siete estrellas. Quiero recordar un poco aquella hora inmortal entre mis horas buenas: Sobre la sabana los cocuyos eran más que en el cielo las estrellas, no había luna, pero estaba claro todo, no sé si eras mi alma que alumbraba a la noche o la noche que la alumbraba a ella; estábamos ceñidos y hablábamos y el beso y la palabra estaban empapados de promesas y un soplo de mastranto ponía en las narices ese amor primitivo del caballo y la yegua. Ella me contaba historias de su nación, leyenda que se pierden entre los siglos como raíces en la tierra, pero de pronto me cayó en los brazos y estaba urgente y mía, coronada de yerbas, cuando le dije la Parábola del volcán y las siete estrellas. Fue en el momento en que evocamos al Orinoco de las Fuentes, al Orinoco de las Selvas, al Orinoco de los saltos, al de la erizada cabellera que en la Fuente se alisa sus cabellos y en Maipures se despeina; y luego hablamos del Orinoco ancho, el de Caicara que abanica la tierra, y el del Torno y el Infierno que al agua dulce junta un mal humor de piedras, y ella quedó colgada de mis labios, como Palabra de carne que hiciera vivo el Poema, porque le dije, amigos, mi Parábola, la Parábola del Orinoco, la Parábola del Volcán y las Siete Estrellas. Y fue así: La Parima era un volcán, pero era al mismo tiempo un refugio de estrellas. Por las mañanas, los luceros del cielo se metían por su cráter, y dormían todo el día en el centro de la Tierra. Por las tardes, al llegar la noche, el volcán vomitaba su brasero de estrellas y quedaban prendidos en el cielo los astros para llover de nuevo cuando el alba viniera. Y un día llegó el primer llanto del Indio; en la mañana del descubrimiento, saltando de la proa de la carabela, y del cielo de la raza en derrota cayó al volcán la primera estrella; otro día llegó la piedad del Evangelio y del costado de Jesucristo, evaporada la tristeza, cristalina de martirio e impetuosa de Conquista, cayó la segunda estrella. Después, recién nacida la Libertad, en su primera hora de caminar por América, desde los ojos de la República cayó al volcán la lágrima de la tercera estrella. Más tarde, en el Ocaso del primer balbuceo, en el día rojo de La Puerta, nevado del hielo mismo de la Muerte cayó el diamante de la cuarta estrella; Y en la mañana de la Ley, cuando la antorcha de Angostura chisporroteó sobre la guerra, despabilada de las luces mortales, sobre el volcán cayó la quinta estrella. Y en la noche del Delirio, desprendida de Casacoima, Profetisa de la Tiniebla, salida de la voluntad inmanente de Vivir, estrella de los Magos, cayó la sexta estrella. Y un día, en el día de los días, en Carabobo, bajo el Sol de los soles, voló de la propia cabeza del Hombre de cabeza estrellada como los cielos y en el volcán de la Parima cayó la última estrella. Pero ese mismo día sobre la boca del volcán puso su mano la Tiniebla y el cráter enmudeció para siempre y las estrellas se quedaron en las entrañas de la Tierra. Y allí fue una pugna de luz, una lucha de mundos, un universo en guerra; y en los costados de su tumba, horadaban poco a poco su cauce las siete estrellas; que si no iban hacia el cielo se desbastaban con sus picos la trayectoria de las piedras. Hasta que llegó una noche en que rotos los músculos del gran pecho de tierra, saltó de sus abismos, cayó en una cascada, se abrió paso en la erizada floresta, siguió el surco de las bajantes vírgenes, torció hacia el Norte, solemnizado de selvas, bramó en la convulsión de los saltos, y se explayó por fin, de aguas serenas, con la nariz tentada de una sed de llanuras, hacia el Oriente de los sueños el Orinoco de las Siete Estrellas. Andrés Eloy Blanco