Para reducir la Corrupción hay que reducir el Poder
Los políticos que prometen reformar las instituciones para reducir la corrupción fracasarán, si es que sus proclamas reformistas eran sinceras, si acometen la labor de reducir la corrupción sin tener en cuenta las causas de la misma y la amplia experiencia histórica de fracasos en este tipo de reformas.
El rigor exige definir la corrupción, ser capaz de medirla con algún criterio objetivo que nos permita evaluar el éxito de cualquier reforma o medida y finalmente conviene acudir a la historia y el derecho comparado para descubrir qué medidas han funcionado. Cualquier programa de reformas que obvie estos tres pasos sencillamente no es serio.
Podemos definir la corrupción política como el abuso de un cargo público para obtener una ventaja privada en detrimento del interés general. Esta definición engloba toda una serie de comportamientos indeseables en nuestros funcionarios y representantes: soborno, extorsión, malversación, prevaricación, tráfico de influencias, etc.
Dado el secretismo que la envuelve, es difícil medir con precisión y objetividad la corrupción, pero hay organizaciones que lo intentan, como es el caso de Transparencia Internacional que cada año publica su ranking de percepción de la corrupción. España figura entre los peores países de nuestro entorno. No obstante conviene mencionar que estas encuestas de percepción de la corrupción reflejan un decalaje o retraso de años: la percepción de la corrupción empeora cuando saltan a la luz casos de corrupción que se produjeron años atrás.
Si hubiese que parametrizar el nivel real de corrupción (no su percepción) para aislar sus elementos en aras de reducir sus causas… podríamos utilizar esta ecuación:
C = X * h * (i - r)
Corrupción = Cuantía x honestidad x (incentivo - riesgo)
El nivel de corrupción depende directamente de la cuantía monetaria sobre la cual el funcionario o institución tiene poder de decisión multiplicado por el coeficiente de (des)honestidad de los funcionarios y por el índice de incentivo para malversar, que se compone del soborno menos el riesgo en que se incurre al corromperse. A su vez podemos descomponer el riesgo en la pena multiplicada por la probabilidad de que esta se imponga.
Por ejemplo en el caso de que los cargos públicos tenga el poder de decidir contratos por valor de 100 millones y sólo uno de cada diez sea poco honrado, las empresas adjudicatarias estén dispuestas a pagar el 5% de la cuantía en sobornos y el riesgo sea del 2% (valor de la pena por la probabilidad de condena):
C = 100.000.000 x 0,1 x ( 0,05 - 0,02) = 300.000
La verdad es que conociendo los presupuestos de las comunidades autónomas de Madrid, Valencia, Cataluña o Andalucía y viendo la cuantía de los escándalos que están ahora mismo siendo juzgados… sólo puedo pensar que “h” es mucho peor en la realidad que en el ejemplo propuesto y que “r” ha sido durante mucho tiempo infinitesimal.
Descomponer la corrupción en estos elementos básicos puede servir para analizar la efectividad de las medidas para reducirla.
Debe reducirse el incentivo a la corrupción y aumentar su riesgo. Hay que reducir la rentabilidad de ser corrupto. Esto parece sencillo, pero en la práctica nos encontramos con que quien ha de aprobar reformas es un grupo de legisladores entre los cuales habrá corruptos… y estos tendrán un fortísimo incentivo para colar una vía de escape o excepción a cualquier ley que les perjudique. Como siempre nos topamos con el “qui custodiet ipsos custodes”. En este aspecto hay que confiar más en la prensa, los jueces y una ciudadanía alerta e indignada que en nuevas leyes. Existe Wikileaks. Cada vez es más fácil denunciar a un corrupto.
Lo segundo que hay que intentar es mejorar la honestidad de los cargos públicos. No creo en utopías que cambien la naturaleza del ser humano… pero si creo en mecanismos que filtren y seleccionen según criterios virtuosos. Si mediante mayor transparencia y algún mecanismo de selección (por ejemplo listas electorales abiertas) se puede reducir el porcentaje de corruptos desde un 10% a un 5%, habremos mejorado mucho.
Hasta aquí todo es muy bonito y bienintencionado, aunque de resultados marginales. Estas medidas han funcionado en mayor o menor medida en países de nuestro entorno. Sin embargo lo único que ha funcionado de forma contundente a lo largo de la historia para reducir la corrupción de forma considerable ha sido centrarse en la parte clave de la ecuación: “X”.
Lo único que de verdad es efectivo es reducir la cuantía monetaria sobre la cual tienen poder de decisión arbitrario los políticos y funcionarios. Cuanto más reglado y automático es un procedimiento, menos necesidad hay de que una persona tome la decisión final y por tanto menos ocasión hay para influir en esa decisión de forma ilegítima.
Un régimen de concesión de licencias es más propenso a la corrupción que uno de autorizaciones, este lo es más que uno de seguros obligatorios y un régimen de libertad hace al político irrelevante, impotente y por lo tanto elimina la ocasión para la corrupción. Una ley del suelo clara que de una sola vez divida toda la superficie en urbanizable y protegida hace innecesario el juego de sobornos e influencias que rodean cada pocos años a los sucesivos PGOUs. Unas pocas normas claras y conocidas por todos siempre requerirán de menor interpretación por parte de los poderes públicos y por tanto menor arbitrariedad.
En palabras de Tácito: “Cuánto más corrupto es el Estado, más numerosas las leyes”.
La única solución verdadera para reducir la corrupción pasa ineludiblemente por reducir el poder de los políticos y funcionarios. Esto reduce las oportunidades y a la vez los incentivos para la corrupción. El Poder corrompe. Probemos a darle menos poder sobre nuestras vidas y nuestro dinero a los agentes del Estado y veremos como los ambiciosos y avariciosos abandonan el servicio público.
Un último aviso a navegantes: Si prometen reducir la corrupción a la vez que aumentan el Poder y Presupuesto del Estado… mienten.
#hispano #política
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Las causas de la riqueza
A menudo se nos anima a explicar las razones de la pobreza en el mundo. Ver la miseria de gran parte de los países y los reductos marginales de indigencia desde la relativa prosperidad de Occidente nos indigna y apela a nuestra humanidad y a nuestro sentido de justicia.
Sin embargo buscar las causas de la pobreza, salvo donde es excepcional, es un error de concepto. La pobreza y la escasez son el estado natural del ser humano. Desde Robinson Crusoe en su isla desierta a una primitiva tribu de cazadores-recolectores, el estado original y primario de la civilización es uno de escasez crónica, subsistencia marginal y miseria. Si queremos reducir la pobreza en el mundo debemos entender y explicar cómo se genera la riqueza y cómo se ha llegado a las actuales cotas de civilización y prosperidad en nuestra sociedad. La pregunta que debemos hacernos no es «¿por qué hay pobres?» sino «¿por qué hay ricos? y ¿cómo han llegado a serlo?»
Incidir en la primera pregunta no solo es empezar la casa por el tejado, sino que a menudo es un atajo demagogo para rápidamente saltar de «buscar causas» a «buscar culpables». Partiendo del también falaz pero muy intuitivo concepto de la riqueza estática, es frecuente concluir que los culpables de la situación de los pobres son los ricos. Es un error natural, puesto que durante largos periodos de nuestra historia la principal fuente de riqueza ha sido la tierra, un recurso de cuantía en principio fija. Con una cantidad fija y estática de riqueza es verdad que una de las principales formas de acumularla era arrebatársela por la fuerza a los anteriores poseedores. Así se han creado imperios y grandes fortunas desde que los griegos empezaron a contar calendas. Tampoco ayuda, por ejemplo, que muchas de las mayores y más visibles construcciones de la antigüedad se irguieran sobre las espaldas de esclavos. Es cierto, gran parte de la historia se ha escrito según la ley del más fuerte y esta ley sigue vigente en nuestro mundo moderno en más espacios de los que nos gustaría.
Sin embargo, si esto fuese siempre así, si la única forma de acumular riqueza fuese únicamente la rapiña y la explotación, viviríamos aún como en el Paleolítico. Para llegar al Neolítico con su alfarería, agricultura y pastoreo ya hace falta generar riqueza de otra forma: hace falta superar el «allá muevan feroz guerra ciegos reyes por un palmo más de tierra». No quiero decir que la violencia dejase de ser una forma de acumular riqueza, pero sí que desde el momento en el que se comienza a crear riqueza, ya existen dos formas de ser rico: crearla y robarla. Ya que el saqueo no solo no crea riqueza, sino que es netamente destructivo redistribuyendo un pastel menguante, parece razonable concluir que las bases de la acumulación actual de riqueza en el mundo y los fundamentos de la civilización son otros. Una civilización próspera y creciente solo puede tolerar un nivel de parasitismo y expolio relativamente pequeño, y se ve abocada a la decadencia y el empobrecimiento en cuanto este supera unos límites. Si hay más ladrones y explotadores que trabajadores en la tribu, esta se empobrecerá.
Indudablemente somos ahora mucho más ricos que nuestros ancestros del Neolítico. En algunos países, el ciudadano medio tiene un nivel de vida superior incluso al de reyes y emperadores del pasado. Se deduce por tanto que en los últimos siglos debe haberse dado mucha más creación de riqueza que explotación y robo. Esto es especialmente claro en los últimos tres siglos, que es cuando más rápidamente ha crecido el nivel de vida y la prosperidad en Occidente. . Según datos de Maddison Project, el PIB per cápita en el mundo pasó de ser 712 $ en 1820 a 7,814 $ en 2010. Es decir, en menos de un bicentenario, el PIB per cápita medio incrementó en un 997 %. Por lo tanto parece razonable considerar que la mayor parte de la riqueza existente en el mundo está en manos de personas que la han acumulado de forma creativa y no extractiva. Esto no significa que no siga habiendo explotadores y ladrones, simplemente que no pueden ser mayoría puesto que si eso fuese así no habríamos prosperado tanto en el pasado reciente.
Entonces, ¿cuáles son las causas de la riqueza? ¿Cómo se crea?
Sólo hay una respuesta válida: la acumulación de capital. Toda nuestra prosperidad se debe la acumulación de capital humano, industrial e intelectual que nos permite trabajar con una mayor productividad, generando así mucha más riqueza de la que jamás podría crear un trabajador de tiempos del Imperio romano. El capital permite la producción indirecta, y más eficiente, de bienes de consumo. El pescador sin barco y sin caña no puede ni soñar competir en productividad con aquel que dispone de las herramientas adecuadas. El agricultor del neolítico no puede ni imaginar la abundante cosecha que es posible con tractores y fertilizantes.
La otra cara de la moneda, sin embargo, es que la acumulación de capital solo es posible mediante el ahorro. Solo consumiendo menos de lo que producimos liberamos recursos, tiempo o materias primas, para dedicarlos a la creación de herramientas de trabajo. El pastor que consume todos los nuevos corderos no verá crecer su rebaño. El ahorro permite la acumulación de capital, que permite la producción indirecta de bienes de consumo, aumentando la productividad y permitiendo a su vez más ahorro. Dado que esto es fácil de comprobar a nivel individual, podríamos extrapolarlo para toda la civilización humana de forma intuitiva.
Este círculo virtuoso es la base de toda la prosperidad moderna. Con este modelo como herramienta resulta muy interesante volver a plantear la pregunta anterior: ¿Por qué son pobres los coreanos del norte? Precisamente porque la inexistencia de derechos de propiedad individual impide totalmente el ahorro y por lo tanto la acumulación de capital y las élites extractivas que forman su gobierno mantienen al pueblo aislado del capital acumulado que podría llegar desde el resto del mundo, aumentando la productividad de los trabajadores.
¿Por qué se empobrece Venezuela o Argentina? Porque a golpe de «exprópiese» e inflación se está destruyendo el ahorro de sus ciudadanos y obligándoles a dedicar todos sus recursos restantes a cubrir sus necesidades básicas. No solo no pueden acumular más capital, sino que se están descapitalizando para sobrevivir. En estos países hay más robo, redistribución y explotación que creación de riqueza.
¿Por qué se están sumiendo en la indigencia los pueblos de Iraq y Siria? Por la guerra, el mayor ejemplo de robo y destrucción de riqueza que existe. En tiempos de guerra prevalece absolutamente la versión más básica de la ley del más fuerte y ahorrar o crear riqueza se convierte en una actividad de riesgo, cuando cualquier matón con un fusil puede saquear y matar a su antojo.
La buena noticia es que la receta para la prosperidad es sencilla y funciona casi sin excepción allá donde se aplica, ni siquiera hace falta entenderla, ya que la gente actúa de forma lógica en su propio beneficio cuando el entorno establece los incentivos correctos.
Paz, defensa de los derechos de propiedad privada y libertad individual. No hace falta más. Con esas bases las personas y familias ya tienen todo lo necesario para trabajar y buscar su propio camino hacia una vida mejor. Ha funcionado siempre y en todos los sitios en los que se ha aplicado esta receta, incluso de forma imperfecta o limitada.
No es una receta mágica, no saca a los pueblos de la pobreza de la noche a la mañana, es un proceso inicialmente muy lento pero con rendimientos crecientes y progresión geométrica. Eso significa que durante años o décadas continúa habiendo situaciones absolutamente indignas que hay que intentar paliar. Pero funciona. No puede decirse los mismo de otras recetas que se han probado históricamente.
#hispano #economía

Las causas de la riqueza
España necesita un Hong Kong (2015)
Nada trae cambios más rápidamente que un ejemplo visible y palpable. España necesita una zona económica especial que, tal y como ocurrió en China, sea un imán de empleo y prosperidad para el país, y la semilla de muchos cambios y reformas.
Las zonas económicas especiales, los motores del crecimiento en China
El proceso económico más significativo de los últimos 30 años es la incorporación de China al mercado mundial. Tras siglos de aislamiento y dos generaciones de comunismo el gigante asiático vivía con niveles de pobreza que hoy se asocian a países centroafricanos asolados por la guerra.
Y sin embargo, cualquier indicador económico que escojamos de China, desde el PIB per cápita hasta la mortalidad infantil, pasando por los índices de desarrollo humano o el nivel de alfabetización, muestra la misma historia: un milagroso ascenso similar al de Europa durante la revolución industrial. Desde 1975 hasta 2010 el PIB per cápita creció más de un 600 % (desde 1.356 hasta 9.556 $ ajustados por inflación) y la esperanza de vida subió en 9 años (desde los 63 hasta los 72). En el mismo periodo Uganda, que partía de un nivel similar, tan sólo logró un crecimiento del 40 % (desde 919 hasta 1.291 $ per cápita).
Pero la transición económica china no se produjo por casualidad. Con la llegada al poder de Deng Xiaoping en 1978 hubo un cambio de mentalidad en la cúpula dirigente hacia las reformas aperturistas y privatizaciones parciales, reformas por cierto muy parecidas a las que implementó Lenin en 1921 con la NEP. Sin embargo era claro que estas reformas significaban un abandono de los principios del comunismo y una reducción del peso del Estado en la economía, algo a lo que una generación de dirigentes absolutamente ideologizados opondría una resistencia feroz. Es por eso que Deng Xiaoping planteó sus reformas como algo pragmático —«no importa el color del gato si caza ratones»— y además las implementó de forma muy gradual y experimental. Parte de esa gradualidad fue la creación de la «zona económica especial» de Shenzen en las cercanías de Hong Kong.
El gran éxito de Shenzen llevó a la creación de nuevas «zonas económicas especiales» hasta que gran parte de la costa China operaba en condiciones de mercado y propiedad privada. El ejemplo se extendió y las élites del partido comunista fueron retirando sus objeciones ideológicas, probablemente a medida que comprobaban que el gato no solo cazaba ratones, sino que podían participar personalmente de la cornucopia del crecimiento económico. El lucro personal incentivaba a los dirigentes y la creciente prosperidad de las zonas especiales atraía al masivo flujo de inmigrantes del interior en busca de trabajo y a los inversores internacionales en busca de beneficios, siempre y cuando se garantizasen sus derechos de propiedad: sobre sus salarios y sobre sus negocios, respectivamente. Desde luego la situación de los derechos de propiedad dista mucho de ser idílica en China, pero la mejora es significativa y los resultados son elocuentes.
Quiero poner un especial énfasis en la importancia de Hong Kong en todo este proceso. Las ideas cambian el mundo, sí, pero nada trae cambios más rápidamente que un ejemplo visible y palpable. Las personas necesitan ver una idea en acción y sus consecuencias para reaccionar, no basta con la teoría o los libros de historia. El milagro económico de Hong Kong precedió al de China: desde pequeño puerto de pescadores hasta centro comercial y financiero mundial, a pesar de un aislamiento respecto a sus vecinos comunistas que hace que el embargo de los EE. UU. a Cuba parezca un juego de niños.
Deng Xiaoping visitó Hong Kong en varias ocasiones y allí se reunió con Margaret Thatcher. Vio el bullicio y el desorden, pero también vio la riqueza que allí se estaba creando, los edificios que se habían levantado sobre ese diminuto terruño y los barcos que entraban y salían de sus puertos. Por sus acciones posteriores debió comprender que la clave de esa prosperidad era algo tan sencillo como el laissez faire, laissez passer. Sobre esa base de libertad económica se realizó el experimento de Shenzen.
Hong Kong no solo sirvió como ejemplo de modelo económico para Shenzen, sino que también supuso una inagotable fuente de personas y empresas con experiencia para crear las primeras industrias que se instalaron allí. China puso la mano de obra, pero los conocimientos y la experiencia comercial la puso Hong Kong, al menos durante los primeros años, mientras en China se aprendía a funcionar en un contexto de mercado abierto, competencia y pérdidas y beneficios.
España necesita una zona económica especial
España necesita una zona económica especial, un ejemplo de cómo funciona el mercado libre. Los liberales que pretenden convencer a un gobierno, del signo que sea, para que reduzca el tamaño del estado y el intervencionismo actual, están perdiendo el tiempo. Los gobernantes pueden ver con claridad meridiana las ventajas directas que para ellos personalmente tiene manejar la economía. Nuestro sistema actual en el que el Estado, a través de diversas administraciones públicas, controla directamente un 50 % del PIB es un caramelo delicioso para aquellos que aspiran a ostentar ese poder. No basta con argumentar que es mejor controlar un tercio de una economía creciente (como en Suiza, cuyo gobierno gasta un 34 % del PIB) o una quinta parte de la octava economía más rica del mundo (Singapur gasta un 17 %) que la mitad de una economía estancada. No basta con mostrar datos empíricos. Hay que mostrar un ejemplo cercano y obvio.
La creación de una o varias zonas económicas especiales limita el riesgo a asumir por parte del político reformista: tan solo es un experimento o demostración. No hace falta un amplio consenso para realizar “un experimento”, no hace falta obligar a nadie a participar en él, puede incluso buscarse la aprobación mediante consulta popular de las zonas candidatas. No supone una gran amenaza para los poderes fácticos y las grandes empresas monopolísticas que se benefician del actual sistema, ya que solo afecta a una pequeña zona. Incluso puede aprovecharse una zona actualmente desierta o en situación económica deprimida que acoja con brazos abiertos la oportunidad de un cambio radical. Y si concluido el plazo del fuero (o concesión) de la zona económica especial, por ejemplo 20 años, sus habitantes prefieren no renovarlo… siempre está la opción de volver a la normalidad.
Esta zona económica especial sería primero un imán de empleo y prosperidad para España, así como la semilla de muchos cambios y reformas en todo el país.
En España no faltan regiones que serían candidatas ideales para crear una zona económica especial en la que los derechos de propiedad estuviesen protegidos, los impuestos no superasen el 10 % y la competencia y el libre comercio no estuviesen permanentemente coartados por el dirigismo de las distintas administraciones. Se me ocurre una candidata particularmente apropiada: estratégicamente situada para el comercio internacional, con el nivel de paro más alto de España, en una región donde actualmente gobiernan socialistas y cercana a una colonia británica. Otra alternativa sería uno de los enclaves españoles en África, las ciudades autónomas ya gozan de un estatus especial.
La articulación de esta zona
¿Qué condiciones tendría que reunir esta zona especial para emular a Hong Kong? La respuesta es sencilla: más libertad. El modelo se ha replicado en infinidad de ocasiones y los libros de historia están repletos de ejemplos. Aún así merece la pena concretar un poco, si acaso por el contraste que permite ofrecer con la situación actual en España.
Hay varios elementos que coinciden siempre en los enclaves comerciales de éxito: fronteras abiertas, fiscalidad reducida, protección de los derechos de propiedad, libertad de contratación, leyes sencillas y libertad de empresa. Realmente la lista es tan amplia como es la cantidad de restricciones que pesan sobre las empresas en nuestro sistema actual.
Las fronteras abiertas al capital, las personas y los bienes comerciales son un elemento fundamental. Las palabras inscritas en 1886 bajo la Estatua de la Libertad hacen alusión a la libertad migratoria. Los movimientos de capitales entre Nueva York y Londres nunca cesaron, ni siquiera cuando EE. UU. y el Imperio británico estaban en guerra. El laissez passer de Quesnay hacía referencia a dejar pasar los bienes comerciales, eliminando las fronteras.
Una fiscalidad reducida y sencilla, por ejemplo un tipo único impositivo no superior al 5 % (sumando impuestos directos e indirectos) y la financiación de los servicios locales mediante tasas por su uso (hasta ser privatizados), sería un auténtico imán empresarial e inversor y permitiría un rápido crecimiento. Los impuestos sobre el capital serían inexistentes y la gestión tributaria se haría de forma local con una agencia tributaria propia no dependiente del gobierno de España ni el autonómico. En Hong Kong sigue operando un sistema similar de tipo único impositivo (los tipos ya son más altos, habiendo crecido hasta el 15 % en el siglo pasado, sin embargo en sus inicios fueron inferiores al 3 %). En los EE. UU. el impuesto sobre la renta no fue introducido hasta 1913 y hasta la segunda Guerra Mundial estuvo exento el 95 % de la población.
Un sistema legal sencillo y estable es absolutamente fundamental. La hipertrofia normativa que nos aqueja, con 800.000 nuevas páginas de regulación publicadas entre el BOE y los boletines oficiales autonómicos cada año, convierte cualquier actividad empresarial o laboral en un auténtico laberinto normativo en el que importa más satisfacer al regulador que al cliente. Las autoridades y tribunales de una zona económica especial deben limitarse a perseguir el robo, asesinato y fraude. Los tribunales privados de arbitraje pueden perfectamente ocuparse de cualquier otra disputa o conflicto. La jurisdicción voluntaria, allí donde rige, ha mostrado tener mecanismos muy eficaces para dirimir y hacer cumplir sus laudos en los casos más complejos.
La libertad de contratación tanto comercial como laboral es una parte de la libertad de asociación que recoge la actual Constitución española, y sin embargo no hay (salvo en el mercado negro) relación laboral o empresarial en la que el Estado no sea una tercera parte interpuesta y a menudo indeseada. El Estatuto de los Trabajadores y la legislación laboral de la Unión Europea son una auténtica aberración económica y en gran parte responsables del desastre que es el mercado laboral en nuestro país. ¿Atrevida afirmación? Quizás lo sea. A falta de demostración empírica solo puedo acudir al derecho comparado y a la historia. Precisamente Hong Kong, donde durante 40 años las leyes laborales han sido inexistentes, es un ejemplo de cómo los salarios suben y las condiciones laborales mejoran por la acumulación de capital (humano y financiero) y no por el fiat del regulador.
Protección de los derechos de propiedad. Conviene repetir que, salvo que existan mecanismos que garanticen que las inversiones que se hagan en la zona económica especial estarán a salvo de un lapsus expropiador por parte del Estado, con la excusa que sea, es inútil confiar en que nadie se comprometa a largo plazo con el desarrollo económico de la zona. Al fin y al cabo los gobiernos cambian, los políticos son volubles y el éxito se ve siempre perseguido por la envidia. Es por eso que es absolutamente necesario que el fuero o concesión de la zona especial contemple durante su duración (20 años) que cualquier confiscación o expropiación debe someterse a un tribunal independiente (no sometido al Estado español) y seguir un procedimiento estipulado, proscribiendo totalmente cualquier confiscación preventiva. Asimismo y para evitar expropiaciones por la puerta de atrás el sistema impositivo y el tipo único impositivo quedarán congelados durante el plazo del fuero, pudiendo únicamente modificarse con una mayoría reforzada (80 %) de los representantes del gobierno local de la zona económica especial.
Fronteras abiertas, impuestos reducidos, leyes sencillas, libertad de contratación y derechos de propiedad seguros bastarían para atraer el interés de cualquier empresario y su absoluta disposición a crear empleo en la zona. Los trabajadores cualificados y el capital extranjero no tardarían en acudir. En un par de décadas veríamos replicado en España el milagro de Hong Kong. O no. Pero a diferencia de otros grandes esfuerzos de reconversión y estímulo a zonas deprimidas, este no le costaría al Gobierno cientos de miles de millones en subvenciones y gasto inútil.
Soy muy consciente de que contemplar cualquiera de estas reformas por más de un segundo sería seguramente causa de infarto cerebral para muchos de nuestros actuales dirigentes y legisladores. Sin embargo, si puede parecer difícil que esto se haga de forma experimental, en un marco reducido y en una zona especialmente necesitada, mil veces más difícil es conseguir que se lleven a cabo reformas liberales a nivel nacional. Además, no olvidemos que nuestros dirigentes se han mostrado más que dispuestos a saltarse a la torera la legislación europea y española y a conceder excepciones en casos puntuales recientemente, por lo que no es tan inconcebible que un día accediesen a permitir tal experimento. Si fueron capaces de abrir su mente los dirigentes de la China comunista, quiero pensar que incluso el más cerril de los gobernantes patrios puede.
#hispano

España necesita un Hong Kong
España necesita una zona económica especial que sea la semilla de muchos cambios y reformas.
Bitcoin, la revolución monetaria (2013)
La centralización del crédito en manos del Estado, a través de un Banco Nacional de capital estatal y un monopolio exclusivo. (Punto 5 del Manifiesto Comunista. K. Marx, F. Engels. 1848).
Quien piense que vivimos en una sociedad de mercado debería considerar que a través del monopolio de la moneda, el estado controla por lo menos la mitad de cada transacción que se realiza en el "mercado libre".
El dinero es una convención social, una institución humana que requiere del acuerdo, como mínimo tácito, de una población que lo acepte para funcionar. El gran debate sobre el origen del dinero entre los economistas chartalistas y los austriacos gira en torno a si esta convención social surge de forma espontánea y evolutiva del mercado o es un instrumento escogido por el estado, que lo estandariza y le da legitimidad.
La realidad histórica es que siempre ha habido una cierta mezcla entre ambos factores. Las monedas oficiales que, además, estaban hechas con algo que el mercado valoraba (como el oro y la plata) acaban circulando mucho más ampliamente de lo que alcanzaba el poder del gobierno que las acuñaba. Así, el Solidus bizantino se aceptaba mucho más allá de los confines del imperio, y el Real de a 8 acuñado por el Imperio Español se utilizaba ampliamente en China y en EEUU. Y a la inversa, cuando una moneda oficial ha sido devaluada y envilecida, pronto ha dejado de aceptarse incluso dentro del ámbito de poder de la autoridad emisora. Incluso la pena de muerte y los castigos más sanguinarios han sido insuficientes para obligar a un pueblo a utilizar una moneda cuando ha perdido su confianza en ella.
Los creadores de Bitcoin reaccionan ante el probable y catastrófico final del experimento con dinero fiat, es decir, basado tan sólo en la autoridad o decreto de un gobierno sin ni siquiera un teórico respaldo en algo precioso, y nos proponen algo antiguo y nuevo: dinero privado. La desnacionalización del dinero.
La revolución pacífica y voluntaria de Bitcoin da una alternativa a todos aquellos que sufren la tiranía monetaria: la inflación confiscatoria, los controles de capital, las restricciones geográficas y temporales sobre el uso del dinero, los corralitos. Todas aquellas normas que vacían de contenido el Derecho de Propiedad y hacen del dinero un mero cupón del régimen en vez de una herramienta de libre comercio.
Bitcoin es la moneda de Internet. Refleja sus virtudes: descentralizada, libre, inmune a la censura, voluntaria, pública y a la vez privada, abierta a todos. Aún está en sus inicios, pero su creación ha abierto la puerta a una explosión de creatividad e innovación que será imposible parar. Por supuesto ya ha surgido una legión de imitadores. Cualquier persona que sufra los efectos del actual sistema monetario debería dedicar unas horas de su tiempo a estudiar Bitcoin.
Con un poco de suerte, para cuando caiga el Euro, la red de Bitcoin habrá crecido lo suficiente como para ofrecernos una alternativa viable. Desde luego, si esperamos a que sean los políticos los que nos ofrezcan soluciones, nos podemos cansar de esperar.
Libre Mercado
Bitcoin, la revolución monetaria
La revolución pacífica y voluntaria de Bitcoin da una alternativa a todos aquellos que sufren la tiranía monetaria.
Por qué Bitcoin vencerá a las CBDC
Las CBDC, monedas digitales emitidas por bancos centrales, ya son una realidad. Quien crea que son sólo un concepto teórico sobre el que debaten los economistas más esotéricos ignora por completo que ya están funcionando para millones de personas en China, en Nigeria y en media docena de países. También ignora que en Occidente ya están en construcción: sus cimientos legales y técnicos están a la vista, pero aún más importante es el fuerte consenso tecnocrático a su favor entre los dirigentes de los bancos centrales. A Christine Lagarde parecen brillarle los ojos cuando habla del euro digital. El piloto americano ya está en marcha de la mano de la Reserva Federal de NY, y es muy previsible que el europeo se lance en 2023: ya están contratadas las empresas que lo desarrollan, y que incluyen a Caixabank y Amazon.
En paralelo y contraposición vemos cómo la adopción de Bitcoin crece a pasos de gigante siguiendo la tradicional curva de adopción tecnológica. En la burbuja de 2013 Bitcoin era el dominio de unos pocos innovadores. En 2017 ya estaba en manos de millones, alcanzando según algunas estimaciones el 1% de la población. En la burbuja de 2021 sus usuarios superaron el 10% de la población en decenas de países, incluidos todos los miembros de la OCDE. Calculo que en la previsible burbuja cuatrienal de 2025 superará el 30% de la población y será la principal moneda de Internet.
Estas dos tendencias enfrentadas apuntan a un probable choque de trenes monetario en 2025. El combate puede parecer desigual: por un lado, un proyecto de código abierto sin líder, sin organización, sin poder; por el otro, toda la élite gubernamental y bancaria de Occidente y de la China comunista, y a su lado una inmensa legión de empresas clientelares ansiosas de ocupar un lugar privilegiado en este nuevo orden monetario global. Obviamente, la posibilidad de dejar opinar, no ya votar, a la población acerca de la medida no se le pasa por la cabeza a ningún tecnócrata de Pekín o Bruselas. En EEUU todavía puede haber algún senador rebelde que obligue a debatir sobre este tema, pero si la creación de la Fed en 1913 sirve como ejemplo, el consenso político americano suele ser que en estos temas técnicos monetarios mejor no confundir al público y decidir por ellos. Si hace falta se declara una emergencia, como hizo Nixon el 15 de agosto de 1971, y se cambia el régimen monetario con medidas «temporales» que luego se hacen permanentes.
¿Por qué? Si los euros y dólares que manejamos ya son digitales en un 97%, ¿qué ventaja le ven los tecnócratas a una CBDC? Es sencillo: mayor control. El yuan digital que ya circula lo ejemplifica a la perfección: permite condicionar su uso de diversas formas: geolocalización, límites temporales, límites de cantidad, coordinación con el sistema de crédito social, límites de carbono, análisis de datos complejos sobre los gastos, etc. La utilización del análisis de datos a gran escala y la Inteligencia Artificial permitirían un micromanejo espectacular de la población mediante incentivos y castigos protocolizados. Los límites económicos a la planificación central de la economía parecen esfumarse ante el poder que da tener el control directo de la cartera de cada ciudadano en manos del tecnócrata de turno o de la Inteligencia Artificial. La combinación de una CBDC, un sistema de crédito social y una Renta Básica Universal sería la peor pesadilla de un liberal; llevaría a unos niveles de control social que harían palidecer a Orwell. 1984 sería un paraíso anarquista al lado del auténtico hormiguero tiránico en el que cada interacción social estaría gobernada por las feromonas de los incentivos predeterminados por Multivac.
La propaganda que acompañará a su introducción no venderá estos riesgos de la CBDC, sino las «virtudes» de su justicia social, las facilidades que da a la redistribución, su ayuda a los más pobres y castigo a los malvados especuladores (léase cualquier ahorrador), sus premios a los más devotos de los créditos de CO2 (léase indulgencias), sus bloqueos a los antisociales que difunden «desinformación» y otras lindezas. Como explicó Hayek en «Camino a la Servidumbre», por bien intencionados que sean sus creadores, este tipo de sistema no tarda en caer en manos de quien más partido le puede sacar: los peores sociópatas se verán atraídos hacia el panel de control de esta máquina como moscas a la miel. No tengo ninguna duda de que, igual que Trudeau bloqueó cuentas bancarias de manifestantes, de haber tenido una CBDC durante la pandemia, muchos gobiernos la hubiesen utilizado hasta sus últimas consecuencias ignorando todos los derechos fundamentales que tan alegremente suspendieron durante la emergencia.
No hay nada que temer. Bitcoin vencerá. A diferencia de las CBDC, Bitcoin no permite ningún control sobre la población; al contrario, consagra y defiende dos derechos fundamentales que son pilares de la civilización Occidental: el derecho de propiedad y la libertad de expresión. Bitcoin es la esperanza de un Renacimiento del orden Liberal basado en los derechos individuales. Bitcoin está abierto a todos, pertenece a todos y no está controlado por nadie. Bitcoin es en esencia una serie de ideas, un protocolo público, un lenguaje. Todo el que esté dispuesto a aprender puede usar ese lenguaje, siempre que cumpla con sus reglas. No necesitas confiar en una institución, ni gubernamental ni bancaria, para usar Bitcoin: lo recomendable e ideal es su custodia individual para ejercer directamente la posesión. Asimismo, Bitcoin es un protocolo y una red de comunicación incensurable que permite a personas de todo el mundo enviar sencillos mensajes firmados. No importa que estés en la China comunista o en la estación espacial internacional. Ni siquiera necesitas una conexión a Internet para hablar con la red de Bitcoin. ¿Quieres grabar de manera imborrable un mensaje contra un dictador? Ningún lugar es más seguro o permanente que la cadena de bloques de Bitcoin.
Bitcoin vencerá porque, como dice Vernor Vinge «Las personas técnicas no son buenos esclavos: sin su cooperación sincera las cosas dejan de funcionar», una forma sencilla de resumir lo que Étienne de la Boétie explica más a fondo en su «Discurso sobre la servidumbre voluntaria». Es por esto que la planificación central de la economía no funciona, como demostró en la teoría Ludwig von Mises en 1920 y al poco tiempo admitió Lenin con la Nueva Política Económica en 1921. Los marxistas futuristas que aspiran a utilizar la Inteligencia Artificial para suplir esa falta de información que imposibilita el cálculo económico no entienden que esa información no existe en ausencia de las decisiones humanas y preferencias expresadas que la generan.
En el mundo real ya estamos viendo tanto en China como en Nigeria los enormes fracasos iniciales de sus CBDC. El público intuye su propósito y las aborrece. Estoy seguro de que Xi Jinping y Muhammad Buhari insistirán y aumentarán la presión hasta lograr que una mayoría de la población las utilice. Serán las consecuencias indirectas las que harán caer el sistema. Bitcoin, cuya mayor virtud es sobrevivir a cualquier holocausto, cualquier prohibición y cualquier persecución, estará ahí para rescatar a las víctimas de la debacle. Me gustaría pensar que los banqueros centrales y políticos de Occidente aprenderán de los errores ajenos y nos ahorrarán el sufrimiento, pero me temo que están obcecados y nos harán aprender el error monetario por experiencia propia.
Bitcoin es la esperanza frente a la tiranía de las CBDC, última mutación maligna del dinero fiat. Hay que dar la batalla por quijotesca que parezca.
La Occidental
Por qué Bitcoin vencerá a las CBDC
Las CBDC, monedas digitales emitidas por bancos centrales, ya son una realidad. Quien crea que son sólo un concepto teórico sobre el que debaten ...
Put numbers on the political compass to make it a bit more objective.
#politics
#politicsReforma Constitucional Liberal para España
#hispano
#hispanoEl Estado te quita más de la mitad. Rallo se queda corto.
Does Nostr work in China?
That's the real test of censorship resistance...
Uh, oh... CBDC coming fast.
https://www.weforum.org/agenda/2023/08/digital-euro-is-coming-privacy/


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The Joe Rogan Experience · Episode
Roman decline and currency debasement.
Silver content of Roman coins.


I can't wait until the #Worldcoin iris scan database is leaked. Identity theft will be OP.
Such a pity that you can't see zaps on Damus anymore. It really takes away from the experience. Amethyst users can tell which notes are the most zapped...
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Don't believe their lies. CBDC is coming.
Only #Bitcoin protects.


They are moving ahead fast with their #CBDC plans.
#Bitcoin is the only answer.

